RELATOS COTIDIANOS: EL "CLICK" DE LOS 30 (bajo licencia de Creative Commons)

14 mayo 2008

EL "CLICK" DE LOS 30 (bajo licencia de Creative Commons)

Hace algún tiempo les conté todo lo que sentí al llegar a los 40. Un poco en serio y otro tanto con humor, trato de tomarme la vida con tranquilidad, aunque para ser honesta, pocas veces lo consigo.
Pero el verdadero "click" lo viví a los 31.
Jamás me había dado cuenta que ya había pasado los 30 porque aún mantenía la frescura de una veinteañera. Me había acostumbrado a vivir una vida rutinaria que yo misma había elegido y aceptaba mandatos familiares con total naturalidad. Aún era lo suficientemente inmadura como para tomar decisiones de importancia y me costaba horrores enfrentarme a mis seres queridos para plantarme con firmeza ante aquellas situaciones que no me hacían feliz.
Un día, recibí una noticia que me derrumbó. Un pariente muy directo falleció sorpresivamente, sin indicios previos de sufrir algún mal. La familia se revolucionó, porque nadie pudo imaginarse que algo así sucedería con él, ya que en ese momento contaba solamente con 32 años.
Pasados unos pocos meses de este triste acontecimiento, caí en la cuenta de mis treinta y pico... Ya era mamá y esa historia dejó en mi vida una marca que me hizo reflexionar.
Aquel familiar, era mi cuñado. Con su muerte, quedaron todos sus proyectos sin cumplir; pero también quedó una esposa. Y una criatura de 6 años con una vida por delante sin papá.
A partir de ese momento, comprendí que la vida se construye día tras día. Los proyectos nos empujan hacia adelante, pero no se debe proyectar a muy largo plazo.
Con total sinceridad, debo decir que no me conformo con cualquier cosa, pero tampoco me interesa enloquecer buscando no se qué en no sé dónde.
Estoy convencida de que todos venimos a este mundo con un camino predeterminado y que sólo queda en nuestras manos la posibilidad de darle un poco de color y adecuarlo a nuestro gusto para que su recorrido sea lo más placentero posible.
Así dadas las cosas, me propuse quitar de mi vida todo lo que me disgusta. Y ya no intento más, calmar las aguas evitando una discusión. Al contrario. Quienes me rodean saben que soy de objetar todo lo que me molesta. Y consigo un doble resultado: sacarme un peso de encima y hacerles saber a quienes conviven conmigo, qué cosas no me gustan, para que no se repitan en lo sucesivo.
Ya lo dije en otra oportunidad. Es bárbaro vivir como si cada día fuera el primero de nuestras vidas. O el último...

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